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REALIDAD HISTÓRICA DE HIPÓCRATES |
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Dr. Hugo Antezana
Rodrigo
MÉDICO PEDIATRA
Oruro Bolivia
INTRODUCCIÓN
Hacer historia, es el arte de recoger datos de fuentes fidedignas y, relatar lo que ha pasado o está pasando, sin embargo, el relato a veces se distorsiona por el o los puntos de vista del historiador, por su manera de pensar de uno u otro modo de acuerdo a su devoción o por el contrario antagonía del tema a relatar, por eso, alguien dijo que la Leyenda es más verídica que la Historia.
Deseo, en esta ocasión hacer una relación del Padre de la Medicina, del Maestro Iluminado de Cos, tratando de unir aquel pasado, no precisamente con el presente sino con el futuro, esto nos aclarará el relato histórico biográfico de Hipócrates.
Se dice que para llegar a la VERDAD, existen tres caminos 1.- El Religioso Trascendental, que no es otra cosa que esa Ciencia Oculta llamada también Esotérica; 2.- el Arte por medio del cual el autor Iluminado, expresa la voz de su esencia que no es otra cosa que la expresión del Espíritu, que se manifiesta por intuición y 3.- el camino de la Ciencia, que por ser expresada por comprobación en gabinetes, tarda más pero llega. Claude Bernard dijo: “Estoy seguro que llegará un día en que el Fisiólogo, el Poeta, el Filósofo y el Matemático hablaran el mismo idioma y todos se entenderán”.
LA GRAN AVENTURA
Ahora empecemos a viajar hacia el pasado: en el año 458 antes de nuestra era, a los diecinueve años de edad, sin hacer caso de los consejos de sus padres, Hipócrates atravesó el Mar Mediterráneo a golpe de remo, con el torso desnudo, cuando reinaban los calores del mes de Pianepsien (Julio-Agosto), para llegar al país del Nilo. El deseo de penetrar en el secreto de las cosas, la sed de saber, eso era lo que traía de tan lejos. Le habían dicho que en los Santuarios de Egipto vivían Magos, Hierofantes en posesión de la Ciencia Divina, él también quería entrar en el Secreto. ¿Sería admitido el joven griego en los Templos de los Iniciados Egipcios?
Al llegar a Menphis, Hipócrates preguntó a un limosnero por la casa de Isis y de Osiris, el hombre le hizo la señal de que callara los nombres Sagrados y le apunto el camino hacia el Templo Mayor, y él se preguntó ¿Quiénes serán estos dioses de quienes sólo se habla con un dedo sobre la boca?, llegado al Templo, un servidor lo condujo al patio interior cuyos pilares enormes parecían lotos gigantescos, el servidor, le dijo espera aquí, al quedarse solo, el joven griego alzó la vista y descubrió el Arca Solar, que parecía, sostenerse en la fuerza y la pureza de los pilares; en ese instante, se acercó en silencio un Hierofante, la majestad de sus facciones, la tranquilidad de su rostro, inquietaron al joven griego y pensó así: su mirada me penetra como un punzón, será imposible ocultarle nada, y el Hierofante captando telepáticamente sus pensamientos le dijo: es cierto, te conviene decirme la verdad. El Sacerdote de Osiris lo interrogó sobre su ciudad natal, sobre su familia y sobre el Templo donde había recibido instrucción, Hipócrates le dijo: vine por mi propio esfuerzo y deseo ser digno de vuestra confianza, y el sacerdote a su vez, le contestó diciendo: si te juzgara indigno de los Misterios, un gesto silencioso, pero irrevocable te mostraría la puerta, más encuentro en ti un deseo sincero de la Verdad. ¡Sígueme!, atravesaron pórticos, patios interiores, luego una avenida tallada en la roca a cielo abierto, bordeada de obeliscos y de esfinges, por fin se detuvieron ante un pequeño Templo que servía de entrada a las criptas subterráneas, la puerta estaba oculta tras una diosa sentada cubierto su rostro con un velo; la dios sentada sobre un trono de alabastro y en medio de dos columnas tenia un libro cerrado sobre sus rodillas en una actitud de meditación y recogimiento, a sus pies podía leerse la siguiente inscripción: Ningún mortal ha levantado mi velo, de las dos columnas, la Roja representaba la ascensión del Espíritu hacia la Luz, la Negra significaba la cautividad en la materia, y en esa caída podía llegarse hasta el aniquilamiento.
Cualquiera que llegaba a abordar la Ciencia de los Sacerdotes Egipcios y su doctrina, se jugaba en ello la vida, tan solo encontraba la locura o la muerte, he ahí lo que encontraba el débil o el malvado; solo los fuertes y los buenos encontraban la vida y la inmortalidad. Muchos imprudentes atravesaron la puerta del Templo, pero esos no volvieron a salir vivos, y con sana reflexión el Sacerdote, le decía a Hipócrates: reflexiona bien en lo que vas a hacer, en los peligros que va a correr y si tu valor no es un valor a toda prueba, renuncia a la empresa, porque, una vez que esta puerta se cierre, no podrás volverte atrás, más el intrépido griego contesto: persisto en mi voluntad.
LA INICIACIÓN SIMBÓLICA
¿Cuál era el verdadero sentido de la Iniciación Egipcia? ¿Qué conocimientos ocultaba? ¿A dónde conducían las pruebas y ritos a los que se sometía a los aspirantes? Hay autores que afirman que los Templos de Egipto fueron verdaderos laboratorios de la Ciencia Sagrada, la Ciencia de la Transmutación de la Conciencia. Otros en cambio, no ven en ella más que un sueño… Adentrémonos, junto con Hipócrates, por la escalera que descendía a las criptas subterráneas, y a la luz de los hechos, tratemos de formarnos nuestra propia opinión.
Primero entraron a un vestíbulo negro sin salida aparente, y de pronto a la luz de unas antorchas, Hipócrates vio una fila de estatuas con cuerpos de hombres y cabezas de animales y pensó, parecen mirar mi paso sonriendo con ironía. Y al final de la siniestra avenida se encontraron ante una momia y un esqueleto humanos, con un gesto mudo, el Hierofante le mostró la entrada a un pasadizo al que sólo se podía penetrar arrastrándose, y entonces le sentenció: aún puedes volver atrás, la puerta del santuario aun no se ha vuelto a cerrar, por el contrario tendrás que caminar solo el resto del camino, pero Hipócrates con esa decisión firme de su propósito, le dijo, me quedo, entonces tras de entregarle una pequeña lámpara encendida, el Hierofante se marchó cerrando tras de sí la puerta del santuario; el joven griego pensó, ya no debo dudar y dijo tengo que entrar al pasadizo. Apenas entró al pasadizo, arrastrándose de rodillas con su lámpara en su mano, escuchó una voz en el fondo del subterráneo, la misma que se repetía trágicamente por el eco: “Aquí perecen los locos que codician el Poder y la Ciencia”; al avanzar vio que el pasadizo se ensanchaba, y notó que éste descendía en pendiente cada vez más rápida, al fin el viajero llegó a un embudo que se abría a un pozo sin fondo, su lámpara temblorosa apenas proyectaba un vago resplandor en las tinieblas sin fondo, regresar era imposible, avanzar era caer en el vació, descolgándose al interior del foso, alcanzó a ver que a sus pies se abría una escalera oculta que subía en espiral a través de la roca, y subiendo por ella, escapó del abismo. Al fin el aspirante se encontró ante una reja de bronce que daba a una galería iluminada por lámparas de cristal que tenían en sus manos bellas cariátides de mármol rojo, en ese momento se acercó un mago llamado Pastophoro (guardián de los símbolos sagrados), abrió la verja al novicio y lo acogió con una sonrisa benévola diciéndole, felicidades, has soportado la primera prueba con fortuna, y luego, conduciéndolo a través de la galería, le explico el significado de las Esculturas Sagradas que allí se encontraban, estas imágenes son las veintidós letras del Alfabeto del Universo, cada una en si es un libro y los veintidós libros son el camino de lo Real por el que se reintegra el viajero a su origen, uniendo su voluntad a la Voluntad Divina para manifestar la verdad y obrar con Justicia; el novicio se hallaba lejos de comprender todo lo que oía de extraño y de nuevo; pero las pruebas no habían terminado. Al concluir de hablar el Pastophoro, abrió una puerta que daba a una bóveda estrecha, al fondo de la cual ardía una hoguera, al ver tal cosa Hipócrates exclamó: ¡Pero eso es la muerte! A lo que contestó el Pastophoro: hijo mío, en otro tiempo yo atravesé esas llamas como un campo de rosas… ¡La muerte espanta solo a las naturalezas abortadas! Y la puerta de la galería de los Arcanos se volvió a cerrar tras del postulante que se aproximo, incierto, a la barrera del fuego. Haciendo acopio de valor, Hipócrates se lanzó a las llamas, pero aquel fuego era una ilusión óptica, un sendero trazado en medio le permitió atravesar la barrera, y entonces se dijo, bien me advirtieron que la verdad es sólo para los osados.
A las pruebas de fuego sucedía la prueba del agua. El aspirante tuvo que internarse en las aguas negras de una caverna inundada, en la cual fue hundiéndose, sintió que un oscuro remolino lo arrastraba a las profundidades, en el fondo Hipócrates encontró la salida, al salir a la superficie, vio al fondo de una gruta un lecho sobre el cual lo esperaba una seductora aparición, era una mujer de deslumbrante belleza, de formas seductoras tan solo cubierta por brazaletes y collares, quien le dijo: no tengas miedo de mi, bello extranjero, a su vez el aspirante sorprendido, le preguntó ¿Quién eres? Incorporándose sobre el lecho, con una mirada suplicante como una llama, la mujer le respondió, soy la recompensa de los vencedores, el olvido de las penas, la copa de la felicidad; presa de un deseo salvaje el novicio dudaba y se preguntaba dentro de sí ¿Será una nueva prueba? Tomándole de una mano, la mujer le tendió una copa diciéndole al mismo tiempo, bebamos juntos la copa del placer; para salir de dudas, Hipócrates tiró la copa, al mismo tiempo que le decía ¡Mientes!, a lo que contestó la bella doncella, es cierto, si hubieras sucumbido a la tentación de los sentidos, habrías perdido tu libertad, quedarías bajo pena de muerte, como esclavo del Templo, quien vive esclavo de los sentidos, vive en las tinieblas; de nada sirve vencer a los elementos, si a ti mismo no puedes vencerte. La mujer lo condujo al Santuario de Isis, donde los magos colocados en hemiciclo y vestidos de blanco, le esperaban en asamblea plena, el que parecía el presidente le dijo: La Fraternidad del Silencio te acoge como a un hermano y futuro Iniciado.
EL CAMINO DE LA VERDADERA INICIACIÓN
Ante aquellos maestros augustos, el discípulo de Isis, se creyó ante los dioses, se sentía engrandecido al penetrar por primera vez en la esfera de la Verdad, y sin embargo, sólo había sido admitido al umbral de la verdadera iniciación; todavía faltaban largos años de estudio y de aprendizaje, por eso que se le dijo: antes de elevarte a la Isis Urania tienes que conocer a la Isis Terrestre y así aprenderás a hacer hablar a los escritos.
Años más tarde, cuando Hipócrates ya había regresado a su Grecia natal, donde se convirtió en el Patriarca de la Medicina Occidental, escribió en sus PROLEGÓMENOS: “Las cosas Sagradas no deben enseñarse más que a las personas puras, es un sacrilegio comunicárselas a los profanos”. Tal y como lo señaló en siglo pasado el escritor Eduardo Schuré, el silencio de los antiguos, no lo comprende nuestro mundo, pero lo cierto es que el conocimiento espiritual no puede ser difundido, pues, cada quien tiene que ganárselo por sí mismo, por tanto, la mayor parte de la humanidad está condenada a vivir en la ignorancia, esto es cierto, nuestra actual cultura pretende ignorar lo que sabían los antiguos, que existe una Ciencia del Alma y del Espíritu, tan necesaria y tan precisa, como las ciencias del cuerpo; nuestras ciencias naturales y físicas, muy avanzadas en sí mismas, nada saben del principio del alma y su difusión universal, nuestra medicina se ciega al espíritu y sus manifestaciones, nuestra religión no satisface las necesidades de la Inteligencia.
La ciencia de los antiguos, no admitía que se pudieran separar tales cosas en todos los dominios, la ciencia de los Sacerdotes afirmaba la triple naturaleza del hombre: Espiritual, Anímica y Corpórea, y por la completa concordancia de los tres aspectos, el hombre puede desarrollar sus facultades casi sin límite; la Iniciación era un adiestramiento gradual de todo el ser humano hasta las cimas más altas del Espíritu, desde donde se puede dominar la vida. El alma tiene sentidos dormidos que la Iniciación los despierta. Nuestra ignorancia, hace que llamemos educación al impartir unos cuantos conocimientos científicos y técnicos cada vez más especializados, mientras que a los centros de estudio de la antigüedad se les llamaba “CASAS DE VIDA”, los estudios daban la misma importancia a la meditación silenciosa como al estudio de los jeroglíficos en las salas y patios del Templo tan grande como una ciudad, importantes también eran las lecciones de los Maestros quienes enseñaban que el Lenguaje Sagrado permitía conocer los secretos de los minerales y las plantas, la historia del hombre y de los pueblos, la Medicina, la Arquitectura y la Música Sagrada. En aquel largo aprendizaje, no tenía sólo que conocer, sino que cambiarse así mismo, porque, al reanunciar a todos sus apetitos sentía crecer en sí el apetito del conocimiento para poseer la VERDAD, porque, ella forma parte de nuestro ser íntimo. Por eso, para que realizara ese profundo trabajo de asimilación, se dejaba al discípulo abandonado a si mismo, durante largos periodos sus Maestros no le ayudaban, se exigía de él una obediencia absoluta, pero no le revelaban nada más allá de ciertos límites. A sus inquietudes, a sus preguntas, se le respondía: espera y trabaja, entonces se manifestaban en el discípulo rebeldías repentinas, sospechas terribles que le hacían preguntarse ¿Me habré convertido en un esclavo de audaces impostores o de magos negros, que subyugan mi voluntad con un fin infame?, la Verdad huía; los dioses le abandonaban, estaba solo y era prisionero del Templo; la Verdad se le aparecía bajo la figura de una Esfinge, que le decía: Yo soy la duda, y la bestia alada con cabeza de mujer impasible y sus garras de león, se lo llevaba al desierto para desgarrarlo en las ardientes arenas. Más el aspirante, en sus horas de calma comenzaba a comprender el sentido de las pruebas a las que se le sometía en el Templo, porque el pozo sombrío en el que estuvo a punto de caer, será menos negro que el abismo insondable de la Verdad, sólo entonces comenzaba a estar lista su Conciencia para recibir el Conocimiento Divino, porque, es cierto, la Verdad no se da, hay que buscarla para encontrarla.
Nosotros que vivimos en el siglo en el que la ciencia doblega a la voluntad de empresas y gobiernos, ha inventado las armas más destructivas, ha roto el equilibrio ecológico y contamina a la Naturaleza, y ayuda en todo el mundo a sojuzgar a los más débiles; nosotros que vivimos en el siglo en el que la ciencia ha perdido la conciencia y amenaza con destruirnos, seguramente podemos comprender la advertencia que nos hace la antigüedad en las palabras de Hipócrates: “Los misterios de las ciencias no deben ser enseñados más que a personas puras, es un sacrilegio enseñárselos a los profanos antes de haberlos iniciado en el conocimiento de las Leyes Sagradas”.
No pocos médicos del mundo moderno ignoran que deben su Ciencia al dios Thot de los egipcios, Thot presidía la Casa de la Vida en la que se enseñaban y conservaban los manuscritos necesarios para la perennidad de la vida, los que la Medicina y los del culto a los dioses, Thot era el Maestro de la escritura, del saber y de la magia, era el guía, era el que hacia hablar a los escritos y el autor de las fórmulas. El griego Hipócrates, al que se lo considera Patriarca de la Medicina actual, constituye el enlace entre la sabiduría de Thot, o “Aquel que está en lo alto de la Escalera”, y el Caduceo de Mercurio, emblema de la actual orden de los médicos, expresa la idea de la espiral o torbellino de las fuerzas constructivas del Universo, la serpiente en el lenguaje Sagrado de los jeroglíficos, significa el movimiento eterno de la vida.
El papiro de Smith, traducido por el profesor Breasted, revela un orden lógico de conocimientos, esto demuestra, irrefutablemente, que los egipcios de la época faraónica distaban mucho de carecer de espíritu científico como se ha creído durante tanto tiempo, para atribuir su paternidad a los griegos, por ello de señalarse, afirma Breasted, que no heredamos nuestra medicina de Hipócrates, porque éste fuera su autor racional, sino porque el “PATRIARCA DE COS” gran iniciado de los Templos de Thot, recibió el encargo de los sacerdotes y Médicos Magos que llevara la llama de los conocimientos que se le impartió hasta otra etapa del desarrollo de la humanidad occidental.
Aunque los diversos papiros e inscripciones descubiertos hasta la fecha en el valle del Nilo, no nos han entregado aun todos sus secretos, ya sabemos que en los tiempos de los Faraones no conocieron la especialización del médico, pues como lo señala el doctor Arthur Guirdam, los egipcios hubieran visto en nuestra medicina, no una profesión, sino un aspecto del desequilibrio generalizado en el que vivimos, no obstante existieron entre los egipcios tratados específicos para cada enfermedad a la que consideraban como un reflejo de la falta de equilibrio entre el Individuo y el Cosmos, que se concreta mediante un cierto número de síntomas; entre nuestra medicina y la de los egipcios existe una divergencia fundamental, ya que ambas tienen una concepción diametralmente opuesta de lo que es nuestro cuerpo, desde siempre las ciencias naturales de los egipcios fueron más allá de la estricta biología, para ellos el cuerpo sólido solo era la manifestación visible de otros cuerpos vibratorios de naturaleza etérea; el cuerpo etéreo o astral era para ellos la verdadera sede de la vida, condicionada por otra dimensión. Recientemente se han hecho descubrimientos que parecen confirmar la ciencia médica de los egipcios, hace ya un siglo que los psicólogos de la Escuela de Nancy en Francia, lograron detectar la sensibilidad extracorpórea de un sujeto sumido en sueño cataléptico, su cuerpo no reaccionaba a los pinchazos, pero en cambio se sobresaltaba cuando se pasaba el alfiler por una zona aparentemente vacía, situada a unos centímetros de la piel.
El cuerpo etéreo o astral tan misterioso, posee una autonomía relativa, y una especie de inteligencia vegetativa difusa, que la medicina vanguardista denomina inteligencia orgánica o celular, pues preside la vida de las células. El cuerpo espectral tiene órganos propios, los chacras, de naturaleza y funciones que evocan el reino vegetal, por lo que se les llama flores o lotos. A los siete chacras fundamentales hay que añadir otros auxiliares situados en las palmas de las manos, en la articulaciones tanto de miembros superiores como inferiores y a ambos lados del cuello, que ya los antiguos maestros chinos de la acupuntura habían localizado, la acupuntura se basa en una anatomía zúrrela o invisible que no responde a las leyes de la fisiología que conocemos, para estimular, en su contrapartida etérea, un órgano enfermo, el acupuntor clava a flor de piel en uno de los puntos sensibles una aguja de oro o plata, se trata de un punto que suele estar alejado del órgano enfermo y que no está relacionado con él ni siquiera a nivel nervioso o sanguíneo, influyen sobre el órgano lesionado en todas las medicinas paralelas a la nuestra fundamentalmente en niveles de la realidad que no estamos acostumbrados a percibir, sin embargo ya existe un aparato que permite fotografiar el cuerpo etérico o astral.
En 1939 el Ingeniero ruso Semyon Kirlian, realizaba experimentos con un instrumento hecho a base de condensadores que generan un campo eléctrico de alta frecuencia, casi por accidente al colocar una placa fotográfica en el condensador, no alcanzó a retirar su mano e imprimió así una fotografía que revolucionaría todos nuestros conocimientos, una vez que reveló la plava Kirlian quedo asombrado en efecto en torno al oscuro perfil de la mano, en fotografía podía verse un alo luminoso o aura que la envolvía como un guante, sin embargo, no se trataba de un accidente como lo demostraron los cientos de fotografías que con la ayuda e su esposa Valentina Kirlian tomó de toda clase de seres vivos, y en todas las placas se revelaba el aura luminosa, lo que nos demuestra que los ocultistas tienen razón, porque, ellos pueden percibir un alo luminoso visible en las personas como una aura de luz. En efecto las fotografía de Kirlian y los investigadores provistos de máquinas similares, han demostrado en forma contundente que todos los seres vivos están envueltos por un aura luminoso que cambia de aspecto según su estado mental, emocional y de salud, y estas alteraciones son como las han descrito siempre los adeptos a las ciencias ocultas, que son como ya hemos dicho capaces e ver el aura a simple vista.
Esta emanación luminosa de los cuerpos vivos recuerda por su forma a las emanaciones de plasma que pueden verse en las fotografías del sol, por ello los científicos rusos han llamado al aura plasma biológico o bioplasma. Un plasma es un gas que ha perdido sus electrones de todos su átomos, pero eso sólo sucede a temperaturas muy altas, como las que provocan las reacciones termonucleares, sin embargo las fotografías con el aparato de Kirlian demuestran que nuestro cuerpo emite un plasma luminoso a la temperatura de la materia viva, y esta aura era la era la que informa sobre el estado de salud del cuerpo a los Médicos Magos de Egipto, que la podían ver a simple vista. Esta segunda visión la adquiría el adepto a través del rito “DEL PASO POR LA PIEL” ya que los antiguos textos afirmaban que para llegar a la visión de la Verdad había que atravesar la piel.
EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA O INICIACION REAL
La Gran Pirámide era el sitio donde se practicaba el rito del renacimiento espiritual o del paso por la piel. Tras largos años de estudio y meditaciones, cuando el Herofant consideraba que el adepto ya se encontraba listo para su final Iniciación, le comunicaba Hijo mío la hora se acerca en que se te revelará la verdad, porque tú lo has presentido y has descendido al fondo de ti mismo y encontrado sólo allí lo que verdaderamente se encuentra, vas a entrar en la grande en lo inefable comunión de los Iniciados, porque eres digno de ello por la pureza de tu corazón, por tu amor a la verdad y la fuerza de renunciamiento, más nadie franquea el umbral de OSIRIS sin pasar por la muerte y la resurrección, te llevaré a la cripta, no temas pues ya eres uno de nuestros hermanos.
Al llegar el crepúsculo, los Sacerdotes de Osiris acompañaban al nuevo adepto a la cámara llamada del Rey en el interior de la Gran Pirámide, y le decían ningún hombre escapa a la muerte, y toda alma viviente, está destinada la resurrección, el adepto pasa en vida por la tumba, y espera la Luz, esta noche franquearás la puerta del espanto y alcanzarás el umbral de la maestría. Una vez que el adepto se acostaba en el sarcófago abierto, el hierofante extendía la mano sobre él para bendecirlo y el cortejo de los Iniciados se alejaba en silencia de la cripta, pero antes, al retirarse el hierofante le decía: Pronto se extinguirá tu lámpara. Al fin el adepto quedaba solo en las tinieblas a lo lejos escuchaba bajo y profundo el canto de los funerales, el frío del sepulcro pasa sobre el helando todos sus miembros y el adepto pasa gradualmente por las sensaciones dolorosas de la muerte, y queda aletargado. Su vida comienza a desfilar ante él en cuadros sucesivos, como una cosa irreal y su conciencia terrestre se vuelve cada vez más vaga y difusa, pero a medida que siente su cuerpo disolverse la parte etérea de su ser se destaca y entra en éxtasis y empiezan a aparecer las visiones maravillosas de esa otra dimensión del mundo etérico o astral, y el adepto se pregunta ¿Qué es ese punto brillante y lejano que aparece imperceptible sobre el fondo de las tinieblas?, se aproxima se agranda se convierte en una estrella de cinco puntas cuyos rayos tienen los colores del arco iris, y que lanza en las tinieblas descargas de luz magnética sigue su imaginación preguntándose ¿Es lo invisible que se hace visible? ¿Es el presagio de la Verdad Celeste, la estrella flamígera de la eternidad?, pero la visión desaparece, y en su lugar un capullo brota en la noche una flor inmaterial de la que surge un extraño canto, mientras vibran sus pétalos luminosos y su cáliz inflamado se enrojece, y el adepto sigue preguntándose ¿Será la flor de Isis, la Rosa Mística de la Sabiduría que encierra el Amor en su corazón? Entonces, la aparición se evapora en una nube de perfumes después de haber tomado formas caprichosas, la nube se condensa y se vuelve una figura humana, la de una mujer la Isis del Santuario Oculto, sólo que más joven, sonriente y luminosa, un velo transparente se arrolla en espiral a su alrededor, y su cuero brilla a través de él. En una mano sostiene un papiro y en la otra un espejo, y le dice al adepto; soy tu hermana invisible, soy tu alma divina, y este es el libro de tu vida, el contiene las páginas completas de tus existencias pasadas y las páginas blancas de tus vidas futuras, un día las desarrollaré todas ante tú, ya me conocer ahora, llámame y volveré, entonces el adepto se siente envuelto por un soplo acariciador, hasta que extiende su mano hacia su doble angélico en un impulso de fusión en el impalpable más allá, entonces todo si quiebra y la visión se borra.
Ahora, adepto después de ese maravilloso viaje astral, vuelve a su cuerpo y siente un desgarramiento atroz, vuelve al estado de letargo conciente y se queja; ¡Círculos de hierro retinen mis miembros, un peso terrible pesa sobre mi cerebro! Al fin despierta y encuentra al Hierofante y dos magos ante él, y el Hierofante le dice: Ya has resucitado, has visto lo que se oculta a los mortales, ven a celebrar con nosotros el banquete de los Iniciados, pues desde ahora eres uno de los nuestros. En la sala del banquete el Iniciado se da cuenta que ha adquirido la segunda visión que le permite ver el cuerpo luminoso de todos sus hermanos y exclama; ¡Oh Isis, tu primera aparición me ha revelado que el mundo esta hecho de llamas y de luz! Y así comenzaba una nueva vida.
LA TERAPIA AVANZADA Y REAL DE LOS EGIPCIOS
A partir del rito del paso por la piel, el Iniciado mediante su visión del cuerpo etérico podía curar y diagnosticar las enfermedades del cuerpo físico, la medicina en al Antiguo Egipto no contaba casi con remedios exteriores como los nuestros, sino que operaba directamente sobre el cuerpo etérico del paciente, el remedio más usual de los Médicos Magos consistía en al imposición de manos, a través de una emisión voluntaria de la energía de su aura, este proceso curativo ha podido ser fotografiado en un experimento efectuado recientemente, con un aparato similar al de Kirlian, el ingeniero Douglas Dean de la Universidad de Newark, tomo una seria de fotografías extraordinarias de la celebre curandera Ethel Deloach antes y después de la curación, el aura de las manos de la señora Deloach, se parecía en la primera fotografía, a la de cualquier otra persona, luego el ingeniero le solicito que le curara un quiste sebáceo que tenia en al brazo, mediante la imposición de sus manos, la segunda fotografía, es decir, después de la curación la señora Deloach mostraba características nunca antes vistas, llamas alargadas salían de cada uno de los dedos como si emitieran fuego, y el quiste del ingeniero había desaparecido. Los Médicos Magos Egipcios, que podían observar estos fenómenos a simple vista, empleaban por ello la imposición de manos para curar, pero, mas aun no se limitaban a esta acción directa, eran capaces de efectuar su acción terapéutica a distancia. La hipnosis tal como se practica actualmente, ha sido “desespiritualizada”, se emplean las mismas palabras y gestos que en la antigüedad, pero ya no hay un verdadero traspaso de energía del hipnotista al hipnotizado, un Medico Mago sonreiría ante nuestros métodos para explicarnos esa sonrisa, es preciso adentrarnos en los misterios del conocimiento egipcio. El que padecía algún trastorno de salud, en aquellos tiempos, acudid al Templo donde mediante la hipnosis se le adormecía en un sueño guiado por el Sacerdote para hacer surgir esas formas divinas relacionadas con el principio de toda curación en el alma del durmiente, mediante estas visiones volvía a equilibrarse el cuerpo, cuyas energías vitales se encontraban en inarmonía y desorden, y esto no era posible mas que mediante la atenuación de la conciencia del yo provocada por la hipnosis, si el hombre hubiese conservado su conciencia en vela , no habría sido posible conseguir que esas fuerzas actuaran sobre él. Además gracias a su capacidad de concentración mental y de su conciencia imaginativa es que les permitían escalar las mas altas cumbres de la Iniciación, los Sacerdotes Egipcios empleaban otra forma de hipnosis, la sugestión a distancia, mediante la cual se transformaban en una central de sueños para toda su comunidad. Así el trabajo curativo de los Egipcios Iniciados se efectuaba por igual en el mundo de la realidad y en el de los sueños, con su sola presencia podían garantizar la salud de la comunidad. El aura de Buda asegura la tradición, era el tamaño de toda una cuidad, sobre la que se extendía como un manto protector, aquí, cabe preguntarnos ¿Nuestra actual medicina, con todos sus avances tecnológicos, puede ofrecer algo similar?
Hipócrates el médico errante que buscó durante sus viajes la verdad de lo que ocurre en el cuerpo humano, llego a cruzar los cien años de edad. Un navío zarpo de Cos llevando a Hipócrates y sus tablas votivas hacia Gortona. Muchísimas olimpiadas se habían sucedido desde los días en lo que el nació. El fin de Grecia había sonado. Nacía con macedonia un nuevo imperio. Las últimas palabras al abandonar la Isla encajada en el mar de esmeralda fueron las síntesis de sus enseñanzas: “LA NATURALEZA CUERA Y EL MEDICO SOLO CUIDA DE LOS ENFERMOS…”. “EL MEDICO ES EL SERVIDOR, EL ESCLAVO O EL INTERPRETE DE LA NATURALEZA…”.”NACER Y MORIR ES LA MISMA COSA…”.
Como decía al principio, unamos el pasado al futuro para comprender la esencia del hombre, ya que su sanidad radica tan solo en el, el día que el hombre sepa unificar sus tres aspectos Físico, Emocional y Mental, ejercitando su mente a realizar todos sus actos concientemente, entonces sí, despertara una Conciencia Real que hará que su salud difícilmente se quebrante, porque, habrá cumplido con el Ritmo Perfecto de la Naturaleza alcanzando esa paz interior que todos anhelamos, para comprender que la vida puede ser maravillosa si sabe uno construirla con VERDADERO AMOR.
BIBLIOGRAFÍA
LOS GRANDES INICIADOS: Eduardo Schuré.
LAS MEDICINAS SAGRADAS: Claudine Brevet Ruef.
LA TRADICIÓN ESOTÉRICA Y LA CIENCIA: H. Richard.
EL INSÍPIDO (Panorama del hombre civilizado): Dr. Julio Cantala.