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MISCELÁNEA

 
 

ULTIMA CARTA DE AMOR DE SIMON BOLÍVAR

Lic. Carlos Luksic Nava
Estocolmo – Suecia
Dr. Antonio Dubravcic Luksic
Sucre – Bolivia

El Libertador Simón Bolívar, fue un hombre de carne y hueso, lleno de virtudes y debilidades. Una de sus más grandes debilidades fueron las mujeres y en su vida brillaron de todos tipos, colores y condiciones. Bolívar supo apartar tiempo en su lucha por la Independencia para amar a un buen número de integrantes del bello sexo.
Simón Bolívar en  el viaje que  realizo por Europa, para olvidar el dolor de su pronta viudez, conoció a Fanny du Villars,  hermosa mujer de 25 años, casada sin amor con un hombre bastante mayor que ella, el Coronel Dervieu du Villars.


Fanny Du Villars Aristeguieta

Fanny hizo  que la vida del venezolano sea la más grata posible en París en el naciente Imperio  Napoleónico. 
Fanny  Du Villars Aristequieta y Simón Bolívar,
fueron protagonistas de un idilio, eran primos a través del apellido Aristeguieta. Esta relación amorosa en particular, tuvo un significado especial, que inmortalizó una pasión, tal fue la pasión que ambos vivieron y la herida que dejó Fanny en el corazón del Libertador, que luego de 25 años sin verse y a las puertas del sepulcro, su último suspiro de vida e inspiración fueron para la “adorable Fanny”...

Cuando la soledad embargaba el corazón de Bolívar, sin otro destino que la muerte, aquel anillo de despedida que le regaló Fanny, y que guardaba celosamente en su baúl personal, que lo acompañaba a todas partes, revivió aquellos momentos de infinita felicidad...

Ese preciado objeto le inspiró para escribir, un día antes de su muerte, una carta de amor, y la entrega total de un hombre por un ideal que nunca muere... la fidelidad y honestidad de sus sentimientos...

 Querida Prima:

 ¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro?

Ha llegado la última aurora: tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus picos coronados de nieve impoluta, como nuestros ensueños de 1805; por sobre mí  pasa el cielo más bello de América, la sinfonía mas hermosa de colores, el más grande derroche de luz.....
¡A
diós Fanny!
Esta carta de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó la tuya en las horas del amor,  de la esperanza y de la fe;  esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; es la letra escritora del Decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura.

 Si yo hubiera muerto en un campo de batalla, dando frente al enemigo, te habría dejado mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera.
Te dejo en recuerdo mis tristezas y mis lágrimas que no llegaron a verter mis ojos.
¿
No es digna de tu grandeza tal ofrenda?
Estuviste en mi alma en el peligro, conmigo perdiste los Consejos de Gobierno, tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también, mi último pensamiento y mi pena postrimería.

En las noches galantes del Magdalena, vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia; en ella iban grandes hermosuras, pero no ibas tú por que tú has flotado en mi alma, mostrada por las níveas castidades...

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las grandes congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y la fortuna.  Me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes, me hablas y en tu voz escucho las dianas inmortales de Junín.

¡Adiós Fanny: todo ha terminado!

¡Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías, se hunden en la nada!

¡Solo quedas tú como visión seráfica, señoreando al infinito, dominando la eternidad!

Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderme en el vacío.


Simón Bolívar