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VERDAD O FANTASÍA DEL FENÓMENO PSÍQUICO
* * *  En todas las épocas ha existido una preocupación sobre los fenómenos psíquicos. Los métodos antiguos para estudiarlos marcharon por caminos errátiles. Debido a éso dieron lugar a una infinidad de ideas supersticiosas, que fueron aceptadas en la poesía y en la novelística como un medio de aumentar la atención. Pero para distinguir lo que es fantasía y lo que es cierto, se necesita de preparación científica y, sobre todo, de ecuanimidad en los análisis.
Curiosamente, fue el espiritismo, tan grandemente relacionado con la charlatanería de feria, el que indujo a investigar este tipo de fenómenos. Los críticos encontraron bien pronto la necesidad de estudiar a la parapsicología mediante el espiritismo, siguiendo el razonamiento simple de que el fenómeno cobra realidad cuando subsiste con un análisis y no porque impresiona a los pareceres.

Para efectuar la evaluación, se hace necesario escudarse ante el engaño de los sentidos humanos, y llegar a la convicción por la reproducción repetida del suceso.

El conocimiento de la psiquis descansa actualmente en la disciplina psicológica, que es una rama filosófica fundada en una metodología estricta que reune las observaciones de producciones mentales y sus relaciones con actitudes corporales y orgánicas. Como en todas las ciencias, la observación de los productos intelectuales ha ocasionado el comprender también sus desarreglos. El psicoanálisis de Freud ha llevado a entender el mecanismo de los procesos psíquicos. La parapsicología, que tiene que ser apreciada como una parte de aquella disciplina, se escapa de las normatividades porque manifiesta sus funciones, en cuanto al sistema orgánico y a la psiquis, analizados con patrones ya aceptados por la Medicina.

En la parapsicología parecen intervenir, aparte de aquellos dos factores, otros, físicos y externos al mismo cuerpo humano. Sería una “psicología inespecífica” o “criptogenética” en que nuestra capacidad actual es insuficiente para entender el otro tipo de fenómenos. Éstos están ilegitimados en su aceptación como componentes de nuestro orbe psíquico por los avances más efectivos de la física. La energía, que se da en cualquier forma de fluidos, ha sido identificada, medida y controlada por la ciencia actual. Pero no se marcha con la misma intención progresiva cuando se trata de una energía psíquica, quizás porque, de aceptarla, se entraría a un terreno cenagoso como es el del dualismo del cuerpo y alma, concepto filosófico que de cualquier manera no se entronca radicalmente con la ciencia.

Las investigaciones se asientan en las características y propiedades de la materia. Hablar de fenómenos psíquicos requiere de conocimientos de biología, fisiología, psicología y otras ciencias de la salud, por lo que la parapsicología se encontraría abierta a que la estudien disciplinas exactas y materialistas.

Los fenómenos psíquicos, a veces llamados “metapsíquicos” o “parapsíquicos” podrían ser producto de un fluido o energía desconocida, que quizás no encaja en las propiedades o funciones de todos los seres sobre la tierra. Algunos comentaristas han aseverado inclusive que no tienen ninguna relación con la psiquis misma, y su única relación con el hombre, devendría en que éste usa los sentidos para apreciarlos. Les conceden carácter de realidad y de proceso natural aunque su presentación huye de la rutina y de la reiteración.

La sensibilidad humana no se adecua con la interpretación de los fenómenos. La recepción de los sentidos puede ser engañosa porque depende de una notable escala de experiencia; y los juicios formados serían insuficientes, porque la gama de experiencia sensible sería irreal.

La ciencia comienza a indagar en cuanto aparecen los denominados testigos que enuncian haber percibido fenómenos inconsistentes e inexplicables. Se estudia a esos individuos con medios de la psicología, o se quiere descartarlos empleando ciencias puras en la cuantificación de esos sucesos como pasibles de las leyes físicas. Se insiste en forzarlos a repetir sus proposiciones efectuando etapas de investigación calificadas.

Por metodología se emplean una serie de experimentaciones para repetir los fenómenos utilizando a los individuos como actuantes, sin aceptar que ellos, quizá no tan convencidos, sólo son observadores fortuitos, carentes de la certeza de haber vivido lo referido, y, de ninguna manera, provocadores. Ocasionalmente no se toma en cuenta la influencia de los momentos, es decir, que tiene que aceptarse la intervención de las circunstancias de tiempo y situaciones coadyuvantes para que aparezcan. Por eso los experimentos mejor montados tienden a fallar porque, de no haber esas ocasiones especiales, estarán presentes las intermitencias.

Como en toda actividad científica, se ha pretendido ganar espacios de conocimiento con la experiencia, en base a repeticiones en aquellos individuos que han percibido varios acontecimientos semejantes en escenarios preparados.

Dr. Alfonso Gamarra Durana