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EL PRODUCTO DE LOS SENTIDOS
* * * Existen muchas dudas para aceptar las sensaciones dentro de los fenómenos psíquicos pues la mayoría de ellas encontrarían explicaciones en las leyes de la física en conexión con el desenvolvimiento natural biológico. Las preferencias sobre formas, olor, sabor de los objetos y color, pueden ser producto del recuerdo que persiste en la mente, o de una relación de aquellos con momentos o estados agradables experimentados en el pasado. Muchas de estas sensaciones, que se transmiten por ondas, pueden ser acompañados por armónicos o interferencias que distorsionan las percepciones haciéndolas desagradables, o, por el contrario, las vibraciones presentan consonancias, que producen deleite. En la transmisión nerviosa que finalmente llega al cerebro, está el fundamento de su apreciación.
De la misma manera, la antipatía y la simpatía se adjudican la racionalidad en las sensaciones respectivas que llegan a centros que, por educación o entrenamiento, pueden acogerlos positiva o negativamente. No obstante que muchos psicólogos piensan que interviene solamente la intuición para que los seres se acerquen o rechacen, está comprobado en muchos aspectos, que intervienen emanaciones de hormonas sexuales o simplemente excitaciones al olfato -en todo caso, motivos físicos o químicos- que ocasionan esas actitudes.
Fácil resulta enunciar que se debe a intuición el que algunas personas tienen muy desarrollado el sentido de la orientación, así como hay otros que se consideran expertos de la hiloscopía, o sea aquella gente que tiene una percepción sorprendente para descubrir corrientes telúricas, como que “sienten” los manantiales de las profundidades, o determinados minerales en las entrañas de los cerros, simplemente por munirse de una varilla. Mas al mismo tiempo se argumenta que los flujos hidráulicos, lo mismo que los yacimientos mineralógicos producen radiaciones electromagnéticas que despiertan la receptividad de individuos peculiares; sin que por esto se les pueda negar las capacidades parasensoriales, si se acepta el término.
Otra vez más afirmamos que las personas que gozan de esos privilegios psíquicos no tratan de dar una justificación de sus sensaciones, parece que han comprendido que no necesitan preocuparse de la validez de sus percepciones. Su realidad consiste en sentir, sin conocer nada de la fisiología humana.
El expresar nociones de parapsicología es como trotar en un angosto sendero en que a la diestra se observa un panorama rocoso pero firme, y a la siniestra, un espacio liso que bien puede significar un abismo. Los que comparten las nociones de esta disciplina se cautivan con los hallazgos pero los protagonistas generalmente parecen estar acostumbrados a sus capacidades.