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LA TERAPIA DE LA MÚSICA

* * * * La música que se escucha tiene relación directa con un buen funcionamiento del organismo. Los médicos actuales lo saben y aconsejan a sus pacientes oír música suave durante el almuerzo; gastroenterólogos hay que actúan sobre problemas ulcerosos aconsejando el sueño acompañado de sones clásicos, y en centros psiquiátricos, sin ninguna duda, emplean en las salas música de fondo para tranquilizar a sus internados.

Alrededor de mil años antes de Cristo, David tocaba el harpa para Saúl pues se habían dado cuenta que le mejoraba su melancolía. Los autores de las secciones de la Biblia han estado convencidos, más que nadie, del poder que tenían los instrumentos musicales, si se recuerda el pasaje de la caída provocada de las murallas de Jericó.

Con el correr del tiempo y el acúmulo de casos influenciados empíricamente por la música, se añadió a los medios terapéuticos, aunque como elemento coadyuvante, el efecto favorecedor del sonido rítmico. Se necesitaba, claro está, el apoyo preciso para incorporarlo a la ciencia.

En este sentido ha debido actuar Peter Lichtenthal en 1807 (Viena, Austria) cuando publicó su “Tratado de la influencia de la música sobre el cuerpo y su aplicación en ciertas enfermedades”. Con estadísticas y con convencimiento personal hizo conocer muchos casos, que traducimos libremente (Münch. med. Wsch. 130, No., 51/52 Pg 92):

   * Una dama, que tenía la manía de arrojarse al agua o al fuego, fue curada con la persistente audición de canciones y música ejecutada en violines.

   * A un melancólico que no podía soltar su orina le pusieron un músico que tocaba un tambor en su delante, sintió aquél como un ardor de fuego y la necesidad de apagarlo con el chorro de su líquido vesical. Se demostró así que el tambor ayudaba a la micción.

   * Otros autores que, conceden a la música una propiedad diurética por la serie de armónicos que se producen, citaban a Weber que contaba que en un salón de baile, cuando tocaron una gaita la reunión tuvo que suspenderse por adelantado porque las damas se retiraron para evitar que el ambiente se volviera una gigante esponja.

   * Se aconsejaba que los niños debían escuchar frecuentemente música para que muchachas educadas deficientemente no llegaran a ser más tontas.

Dr. ALFONSO GAMARRA DURANA